Para
quienes no tengan la más mínima intención de siquiera
enterarse de las historias, The Sims 2 incluye la opción
de crear todo un vecindario desde cero, para así hacer las casas
a gusto o utilizar algunas prediseñadas; crear una historia propia
o simplemente armar la más sofisticada granja de entes virtuales
que uno pueda imaginar. Una vez elegido, o creado, el vecindario a jugar
sólo queda esperar por su carga y presentación. Aún
los prediseñados poseen espacio suficiente como para crear casas
nuevas desde los cimientos, o incluir otras ya armadas y que vienen con
el juego o las que se obtuvo de Internet.
Finalmente llega la hora de tomar control,
o ver que pasa, en una de las casas. En éste punto está la
alternativa de jugar con la familia que vive en la casa, incluir una nueva
preconfigurada en una casa vacía, o crear una familia propia para
introducirla en una de las casas vacías. No hay restricción
sobre desalojar una para mover a otra, pero en el caso de los vecindarios
prediseñados puede acabar con situaciones más extrañas
de lo esperado. El proceso de crear una nueva familia es directo y sencillo,
y puede ser tan rápido como lo deseemos, dependiendo el grado de
personalización que le queramos dar.
The
Sims 2 ofrece una extensa gama de opciones para crear una familia (o,
en todo caso, el grupo de habitantes de una casa). Es posible determinar
desde el género y la edad inicial de cada uno, hasta el atuendo
que van ha utilizar por defecto en las diferentes ocasiones estándar
(de diario, para dormir, de piscina, formal, etcétera). Donde existen
más opciones para personalizar es al momento de elegir una apariencia
del rostro, y la vestimenta. Lo primero es particularmente interesante
gracias a las nuevas capacidades del engine, y la gran variedad de aspectos
que podemos manipular: dimensiones del rostro, mentón, nariz, frente,
ojos, ángulo, aperturas, profundidad, color de piel y cabello/pestañas,
color de los ojos, tipo de peinado, si usan lentes, y si llevan o no maquillaje
y sus tonos. Con tiempo y paciencia de seguro es posible obtener casi un
autoretrato, cuando no un clon virtual.
Acabados todos estos tramites de inicio
--que no tienen porque tomar más allá del tiempo de carga
si uno no quiere otra cosa que empezar a jugar-- llega la hora de adentrarse
en lo realmente divertido: controlar, o sólo observar, como se desenvuelven
estas sofisticadas mascotas virtuales. A pesar de la sencillez de la jugabilidad
las consecuencias de ciertas acciones pueden llegar a ser de lo más
interesantes y divertidas. A la gestión, o simple observación,
hay que agregarle la ineludible y bien pensada necesidad de mejorar el
ambiente de los diferentes sims, otorgarles herramientas u objetos para
mejores sus habilidades o simplemente para que se mantengan en forma. Tampoco
hay que dejar de lado el extenso componente de diseño de casas,
que permite renovar una por completo o ir agregando lo que creemos que
necesitan, o lo que nos gustaría que tengan.
Para Terminar
El
sistema de simulación no deja de ser bizarro en varias ocasiones
y en ciertas situaciones, pero aún así demuestra estar bien
pensado y diseñado. No faltan situaciones jocosas cuya naturaleza
podría muy bien ser emergente si hablaramos de otra categoría
de juego, en el caso particular de The Sims 2 sabemos de antemano
que cualquier interactuación y cualquier efecto-causa son prediseñados.
Lo que no impide sentir afinidad por el diario vivir y los problemas que
atormentan a todos y cada uno de estos seres virtuales. El esquema de tiempo
utilzado (cada minuto sim es un segundo nuestro, por lo que un día,
sin acelerar, es unos 24 minutos de juego) no sólo es muy bueno
sino que fluye sin mayores problemas aún para nuestro cerebro, el
cual no da indicios de extrañeza cuando el día se torna noche
o el hoy, ayer, dentro la simulación.
Queda claro a corto plazo que el particular
estilo de juego no es para todos, ni tiene porque ser entretenido para
todos por mucho tiempo. Habrá quienes lleguen a su límite
con llevar a un par de familias a lo largo de una o dos generaciones, y
habrá quienes continuen jugando con el tatara tatara tatara nieto
de un personaje inicial, cuando salga una inevitable expansión.
En cualquier caso hablamos de un buen par de decenas de horas de jugabilidad
llenas de sorpresas, diversión y uno que otro detalle bien imaginado
por el equipo de
Maxis. Tampoco hay que dejar de lado a la omnipresente
e indirecta jugabilidad multiusuario, a través de la cual es viable
compartir historias y aventuras de familias propias, conocer las de otros,
y/o compartir con los aficionados familias, casas, u objetos de nuestra
creación; además de poder descargar las que ortos han creado
o lo que el propio equipo de desarrollo ofrece a sus usuarios a modo de
extras.
En resumen. Excelente secuela, para un
muy buen juego aunque, valga el detalle, no es para todos. A los aficionados
a los juegos de simulación de sistemas socio-familiares, construcción
de casas, o los seguidores de la serie les va ha encantar.