Tiempo
atrás una terrible oscuridad se cirnio sobre el manto del Cielo.
El poder de los ángeles se partio en dos y cayo en un estado de
guerra por la corona de los Cielos, el derecho de reinar sobre los milagros.
Varios estandartes de guerra fuerón erguidos y millones de ángeles
se enfrentaron en combate. Máquinas de destrucción capaces
de cegar a miles fuerón diseñadas , mientras enormes flotas
de naves de guerra consumían incontables multitudes de ángeles.
Los gigantes Wyrms de las leyendas fuerón despertados para
servir de montura a los más poderosos guerreros, o para llevar carros
de guerra a través de los cielos en combate. Alguna vez usado para
causas nobles, ahora el mismisimo poder del Cielo, el Mana, era
aprovechado para alimentar a los perros de la destrucción. Los Seraphim,
magníficos en su gracia, eran los ángeles más gloriosos,
capitanes, generales y heroes del enfrentamiento. Tras incesante combate
que trajo la ruina a los salones de los dioses, la horda de ángeles
que se rebelaron contra sus hermanos fuerón echados a la tierra
de los hombres.
A medida que caían pesadamente hacia
la Tierra, con sus máquinas de guerra destrozadas rodeándoles,
realizarón por vez primera de que habían sido malditos por
la eternidad. Vivirián como hombres, sin siquiera tener la oportunidad
de re-obtener la gracia y gloria que alguna vez fue suya. Ya nunca más
podrían hacer milagros. Para atrapar a los disidentes en este mundo
de hombres, sus almas fuerón fundidas con una piedra llamada el
Lanuth,
cada uno de los rebeldes tenía una incrustada en su pecho. Estas
piedras eran la prisión de sus almas. Si alguna vez sus cuerpos
físicos llegasen a ser destruidos, su alma todavía estaria
atrapada en esta terrena, si bien indestructible, roca, por siempre incapaz
de regresar a los Cielos.
Mientras los rebeldes Seraphim caían
sus cuerpos mutaban y cambiaban basándose en sus naturalezas. Aquellos
que nunca se arrepentirían de su rebelión fuerón transformados
en criaturas con alas de murciélago conocidas como Demonios.
Quienes pedían perdon a los Cielos se volvierón Ángeles
con alas de ave. Por último, los que aceptaban su castigo y su nuevo
hogar se transformarón en los Fey (Hadas) con sus alas de
insecto.
Cual
hojas dispersas tras la cosecha, alrededor del globo llovierón las
naves de guerra y los artefactos de los rebeldes. Una vez que el polvo
causado por la caída se acento, los rebeldes despertarón
y encontrarón a los mortales del lugar adorándolos cual dioses.
Separados de los Cielos, los Seraphim ya no disponían de
la poderosa mágia del Mana para sostenerlos. Sin embargo,
pronto aprendierón que estos seguidores humanos podrían proveerles
de la tan necesitada energía en forma de El Cántico (The
Chant), una energía mágica originada por oraciones que
sólo los humanos podían crear. Atrapados en ese mundo olvidado,
separados de la propia sustancia de los Cielos, los Seraphim encontrarón
que esta fuerza podía ser usada para sustentar su cuerpo y sus poderes.
Reinando sobre todos estaba Él,
el desterrado señor de los Seraphim. Conocido como Demiurge,
era él el culpable de unir a los rebeldes en su lucha, él
quien los alzo en rebelión contra sus hermanos y quien cayo primero
cuando la victoria fue perdida. Su grotesca y gigante forma se encontraba
atrapada, atada al corazón de su vencida ciudadela, misma que antaño
era líder de su rebelión. Atado a su prisión, incapaz
de escapar, alimentándose de su energía para sobrevivir en
este plano de existencia terrenal. Él manda sobre los tres clanes
desterrados con una mano de hierro, utilizándolos y enferentándolos
en su intento egoista de encontrar una forma de volver a obtener la gracia
de los Cielos.